Siempre dije que hay tiempo para hacer por primera vez algo que nos gusta, y hace poco me ofrecí a acompañar a mi amigo y fotógrafo de bodas Osky Tritta a una boda para la que él había sido contratado ¿puedo ir con vos a hacer fotos? -le dije. Y allí fuimos. Es que siempre pensé que se pueden hacer muy buenas fotos en una boda y contar una historia, en vez de hacer simples fotos testimoniales. Y siempre también me pregunté por qué casi nadie lo hace. Creo que en parte, mucho tienen que ver los prejuicios que tenemos los argentinos. Y cuando hablo de prejuicio, también estoy hablando de muchos colegas que, “como hacen publicidad”… jamás harían una boda, porque no es cool. Vamos. Mientras tanto, en Europa (en Lituania, por ejemplo) hay grandes fotógrafos que cobran entre €3.000 y 10.000 € una boda. Joder, amigos.
¿Acaso qué más puede pedir un fotógrafo al que le guste contar historias con imágenes? Veámoslo de esta manera: hacer fotos en un lugar a pleno de emociones. Risas y lágrimas. Sobrios y borrachos. Lindas y feas. Divertidos y aburridos. Solteros y casados. Un lugar donde durante unas horas irrepetibles están todas las emociones juntas a flor de piel. Sólo hay que saber encontrarlas. Y ahí fui con mi cámara, (ad-honorem, claro, la próxima ya podría cobrarla). Y disfruté como un chico que se muere por contarnos lo que hizo hoy en el jardín. Espero lo disfruten tanto como yo, que vengo de hacer dos veces Mi primera boda ;)